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Cine
CINE. PLAGA ZOMBIE: REVOLUCIÓN TÓXICA SE ESTRENA EN INTERNET/ "NOSOTRAS SIN MAMA", ESTRENO NACIONAL DE LA SEMANA: ENTREVISTA A EUGENIA SUEIRO Y CRÍTICA
SE ESTRENA LA ÚLTIMA PARTE DE LA TRILOGÍA CREADA POR FARSA PRODUCCIONES.
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TRES HERMANAS EN BLANCO Y NEGRO. LA REALIZADORA CUENTA LOS MOTIVOS POR LOS CUALES NARRÓ UNA RELACIÓN TAN PEQUEÑA COMO UNIVERSAL EN SU PELÍCULA NOSOTRAS SIN MAMÁ.

Plaga zombie: revolución tóxica

Todo empezó como un juego. Ellos no eran los típicos adolescentes que se juntaban los fines de semana para patear la pelota en una canchita de fútbol. No, estaban muy lejos de esos menesteres. Preferían estar todos juntos, cámara de video en mano, y "jugar" a que filmaban una película, una de zombis y de alienígenas; una bien de cine zeta; una de esas en las que hay héroes ¡argentinos! que salvan a toda la humanidad de una invasión de no muertos. Entre el juego y las ganas de hacer cine, nació en 1997 el film Plaga zombie , pero también nacieron ellos: los chicos de Farsa Producciones. En 2001, cuando el país estaba a punto de estallar y no por culpa de los muertos vivos, estrenaron la secuela Plaga zombie: zona mutante . Once años después, decidieron que había que poner un punto final y hoy se conocerá la tercera parte, Plaga zombie: revolución tóxica . Y como ellos hacen películas "raras", el modo de estrenar el film también lo será: se podrá ver on line, gratis, y sólo por 48 horas, desde hoy, a las 21, en el canal de YouTube de la productora: www.youtube.com/farsaproducciones . Además, se proyectará en el Malba, el Cosmos, el Gaumont y en varias salas del interior del país (para mayor información: www.farsaproducciones.com.ar ).

Los que vean el film seguro que se sorprenderán con la historia de Bill Johnson (Pablo Parés), Max Giggs (Hernán Sáez) y John West (Sebastián "Berta" Muñiz), quienes deambulan por las calles de Haedo -tierra de crianza de los chicos de Farsa- para enfrentar a unos zombis de colores chillones -tan pops que hasta le darían envidia al propio Warhol-. Esos muertos vivos, en realidad, incuban unos seres extraterrestres que quieren acabar con la humanidad por medio de la propagación de una plaga, la plaga zombi. Entonces, los héroes deciden enviar a la nave nodriza a un no muerto al que llenarán -literalmente- con pólvora para que la haga volar en pedazos.

No es un film de terror -está a años luz de la oscura y aleccionadora La noche de los muertos vivos , del padre de los zombis modernos, George Romero, o de la salvaje Exterminio , de Danny Boyle-; es más bien una comedia, una de aventuras. Todo está pensado para apelar a la risa, a la sensación de que se está viendo algo que de tan ridículo es gracioso. Cómo no reírse de la manera en que los zombis son despedazados, mientras vuelan intestinos, huesos, brazos, piernas y cabezas. Todo es en broma. No hay lugar a dudas. Así, por ejemplo, en un momento los tres héroes, en plena batalla contra los no muertos, detienen la pelea porque justo ahí se les da por cantar y se arma un musical al mejor estilo del videoclip "Thriller", de Michael Jackson. En otro tramo, aparece un zombi verde que inspira ternura porque se comporta como si fuera un perro.

Muchos podrían identificar a este tipo de películas como hijas de lo de bizarro o del cine de clase B. Ellos no. "No nos molesta el término bizarro, pero está mal usado porque abarca cosas muy distintas. No nos sentimos parte de eso. Creemos que estamos haciendo las cosas con un destino artístico", dice Walter Cornás, el director de arte de la película y quien empezó junto a los directores Pablo Parés y Hernán Sáez con esta saga, en 1997. Para los chicos de Farsa, sus producciones se encuadran dentro del cine fantástico. Y tienen en claro una cosa: éstas no son películas para todo el mundo. Por eso, Cornás dice cosas como ésta: "No esperamos sacar un rédito económico de estas experiencias".

Sin embargo, hay un público que ama este tipo de cine, que se viene gestando también con el terror más puro de las películas que se estrenaron en los circuitos comerciales, como Sudor frío , Lo siniestro y Penumbra . Además, el festival dedicado a este género Buenos Aires Rojo Sangre (BARS) irá por la decimotercera edición este año. "Ahí agregan más salas cada nuevo encuentro y se suma más público", dice Paulo Soria, uno de los guionistas de Plaga zombie: revolución tóxica .
Todo por un sueño

Los Farsa no son improvisados. Es decir, su nueva película sale de la media de este tipo de cine. "Si bien con la primera no estábamos exentos de ser un film mega B y súper casero, las películas que hacemos ahora las cuidamos a otro nivel", cuenta Cornás, quien junto a todo el equipo de la productora se dedican también a rodar videoclips (como "Arrancacorazones", de Ataque 77) y a ofrecer sus servicios para la realización de películas ( Kapanga todoterreno , el film disparatado del grupo de rock). Eso les permite vivir. Y después, lo que queda lo dedican a filmar historias que les fascinan. O, en palabras más grandilocuentes, a cargo de Cornás: "Laburamos, por un lado, y hacemos el amor, por el otro".

Hay cierto dejo a moraleja en el discurso de los Farsa, como si hubieran vivido una fábula a lo Esopo. "No es muy fácil hacer un peli que te representa. Plaga zombie: revolución tóxica , además de tener que ver con lo emocional de cerrar una trilogía, también es una manera de decir al afuera: «Che, loco si tenés ganas de hacer lo que querés , ponete las pilas que se puede. Es muy difícil si vas a golpearle la puerta a alguien y que te dejen hacer lo que querés»", confiesa Soria, uno de los que empezaron con esta saga, casi como un juego, allá por 1997.

Fuente: La Nación
Más información: www.lanacion.com.ar
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Nosotras sin mamá

Entrevista

Eugenia Sueiro está a cuatro días de estrenar su ópera prima, Nosotras sin mamá. La asombrosa tranquilidad con la que espera el momento, toma su té y se dispone a la charla es proporcional a su larga carrera como directora de arte: de Diarios de motocicleta, de Walter Salles y Un mundo menos peor, de Alejandro Agresti, hasta Rompecabezas, de Natalia Smirnoff y Carne de neón, de Paco Cabezas, pasando por Géminis, de Albertina Carri o El abrazo partido, de Daniel Burman, entre otras. “Mi viejo, que es un gran jugador de golf, dice que lo que más engancha en ese deporte es jugar contra la cancha y contra sí mismo, no contra otro. Para mí la película tenía que ver con eso”, dice la directora y guionista de este film que cuenta el encuentro de tres hermanas luego de la muerte de su madre para ver qué hacen con la casa.
 

–Blanco y negro, diálogos cortos, un mismo set de rodaje, preguntas sin respuestas, sensación vertiginosa de que algo terrible siempre está por ocurrir. Todo parece tomar parte de una decisión muy estudiada…
–Generé una historia muy chica porque tenía que ser algo capaz de hacer y llevar a la práctica con el dinero, con los equipos, con los tiempos. En el momento que me senté a escribir, lo hice sabiendo que tendría muy pocos recursos económicos. Y que lo que me interesaba era probarme a mí, hacer una especie de borrador y concentrarme en lo que más me interesaba: la narración y la dirección de actores. Ese era mi tema, mi juego contra la cancha, mi respuesta a mí misma: la estructura dramática y cómo los actores o los personajes llevan eso a la práctica y le cuentan al espectador la emoción, la idea, el transitar una situación. Me híper concentré en la película, ya que era muy importante demostrarme que era capaz de hacer eso que quería.
 

–¿Costó mucho?
–Las logísticas, lo movimientos de camiones, el cambio de locaciones: todo atenta contra la concentración. Y para mí era muy importante concentrarme en lo que quería contar.
 

–¿Por qué?
–Porque no me conocía cómo era en ese rol. No podía jugar mi única carta contra mí misma, me tenía que ayudar un poco. Ahora me conozco como directora, sé qué cosas me agradan y qué no, dónde construí un lenguaje y constreñí una mirada absolutamente propia y me reconozco, y qué cosas me parece que son errores o me faltan.
 

–Usa la palabra “lenguaje”. Más allá de si existe o no, las convenciones suelen hablar de lenguaje femenino y lenguaje masculino. ¿Qué le permiten tres hermanas que no le hubieran permitido tres hermanos?
–No creo en las miradas femeninas o masculinas. Intuyo que, al ser mujer y transitar esta vida desde esa forma de sentir, hay algo en relación a lo táctil o a lo amoroso o al regodeo en volver al mismo pensamiento o mascullamiento desde quinientos modos diversos. Ese algo que nos ocurre a las mujeres, que forma parte de nuestro mundo. Eso de volvernos a enredar en el mismo tema porque a veces no tenemos esa salida al exterior o al mundo de la práctica con tanta necesidad de respuesta como tienen los varones. Pero todo vínculo necesita un mal lugar para estar unidos. Por más que te adores con alguien, creo que no te podés despegar por el lugar jodido en el que te enganchás. Las tres hermanas (Ema, Amanda, Teresa) están todo el tiempo dándole vueltas a ese asunto, se están recriminando muchas cosas. Y hay algo de la recriminación que es muy femenino. Nunca se me ocurrió un varón en el medio. No fue una decisión previa de construir un mundo femenino. Lo que sí pensé es que las tres hablaban de tres modos distintos de ver de una misma persona, que las tres podían conformar la misma mujer.
 

–¿La madre?
–No, para nada. Las tres serían una, yo, cualquiera, pero no la madre. Nunca me imaginé a la madre. Sólo como una excusa para meterme de lleno en el vínculo de las tres hermanas. Quería preguntarme qué pasa cuando una madre no está. La forma de ser hija no permite trascender ciertas cosas: una está acostumbrada por inercia a ir los domingos a la casa de la madre y se sigue generando un rito unidor. Cuando ese rito desaparece, no produce el mismo efecto si se trata de tres hermanos varones o de tres hermanas mujeres.
 

–Hay un reproche, de todos modos, presente a lo largo de la película, sobre quién ocupa o pretende ocupar el lugar de la mamá.
–Cuando yo decía eso de que conforman una misma mujer es por eso. Teresa, la menor, ocupa un lugar casi infantil y lleva a sus hermanas mayores permanentemente a lo lúdico. Está buscando que Ema, la hermana mayor, sea su mamá por un rato. Amanda, la hermana del medio, cree todo el tiempo que la mala suerte o el mundo exterior es quien debe responder por su vida. Sigue siendo absolutamente hija en ese aspecto. Y Ema zigzaguea para no comprometerse. Hubo algo que me extrañó cuando escribía el guión: No podía hacerle decir a su personaje ni un “sí” ni un “no”. Siempre dice “no sé” o “vamos a ver”. Desde el lenguaje estaba implícito que ella no se iba a jugar por ninguna situación. Posiblemente porque internamente esté jugada mucho más allá de lo que querría enfrentar con los demás. Y ya es mucho cargar con eso como para, encima, enfrentarlo y defenderlo. Cualquier personaje mujer podría tener todas esas características y ser absolutamente coherente.
 

–¿Qué la divirtió más, en el sentido amplio del término, escribir el guión o dirigir la película?
–A mí me encanta escribir cuentos. De modo que escribir el guión fue una tarea de relojería, la coma donde debe ir, la palabra exacta. Nada me daba lo mismo. No quería ningún tipo de improvisación con las actrices. Los textos que dicen son casi idénticos a los que escribí en el guión. Y lo que me fascina del cine es que existe una instancia teórica en la que estoy obligada, casi, a llevar a la práctica y a comprometerme con lo que pensé y lo que creí que iba a lograr. Por eso las dos instancias tienen lugares muy ricos y desafiantes.
 

–¿Hubo algún tipo de pelea, de reclamo, entre la narradora y la directora?
–En el guión había algo muy claro, y fue charlado mucho con las actrices, que era el anticlímax permanente. Nunca se debía llegar a una situación límite.
 

–Pero…
–Pero había una escena, en la cual se juega una decisión importante al truco, en que como espectadora, más que como directora o como guionista, necesitaba que la situación se fuera al carajo. Como no tuve esa escena, utilicé la música y el sonido: exageré el ruido de las cartas sobre la mesa y cayendo al piso, como si se tratara de un golpe. Eso fue lo único que no filmé que hubiera querido hacer.
 

–Nosotras sin mamá es una película absolutamente literaria, pequeña, minimalista. De haber estado ese estallido, ¿no hubiera cambiado todo el film?
–Puede ser. Pero creo que los lenguajes no tienen que ser tan perfectos en sí mismos. Quizás hubiera estado bueno que transitara un poco más para quebrar ese anticlímax del que le hablaba a las actrices, ese plantearle que nunca se llegue al apogeo, que la situación no se resuelva. Es cierto que en esa no resolución descansa la película: ellas van a seguir siendo hermanas y va seguir existiendo esa indefinición toda la vida. La idea del clímax no deja de ser una constante en el cine y en la literatura y no sé si sucede tanto en la vida cotidiana. La vida está llena de interrupciones, de quiebres, de situaciones límites que se descomponen con el paso fugaz de cualquier cosa. El clímax es un invento dramático. Si una situación se puede contar desde la música, desde el sonido, desde un encuadre pequeño, voy a limitar esa mirada al mínimo para que el espectador complete el relato. Es decir, un recurso típicamente literario, hecho cine.

Fuente: Miradas al Sur
Más información: http://sur.infonews.com

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Crítica

María Eugenia Sueiro llega con un buen curriculum, habiendo colaborado como directora de arte en varias películas de realizadores consagrados (Daniel Burman, Alejandro Agresti, Lucrecia Martel, Anahí Berneri, Sergio Renán, Albertina Carri y Walter Salles, entre otros). Su debut como directora y guionista es promisorio, en esta película que tiene mucho de teatro, ya por sus espacios, ya por sus actrices.

Tres hermanas reunidas en la casa materna después de la muerte de la madre, confrontan intereses, rivalidades, cariño. Realizada casi íntegramente por mujeres, el film capta y transmite de manera sutil, graciosa y dramática a la vez, los códigos femeninos, más precisamente los propios de las hermanas, logrando un clima muy particular y real, sin alardes ni pretensiones.

Un film pequeño y valioso, rodado en blanco y negro, con las parejas actuaciones de Eugenia Guerty, Vanesa Weinberg y Nora Zinski, como Teresa, Amanda y Ema, las tres protagonistas absolutas de la historia.

Por Josefina Sartora
Fuente: Otros Cines
Más información: www.otroscines.com


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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