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LA DEMANDA DE ALCESTE: NADA MÁS QUE LA VERDAD. ESCRIBE JORGE GOLDENBERG
"ES UN DENSO", SE DIRÍA EN LA JERGA DOMINANTE HACE UN TIEMPO Y, DESDE EL LAXO TALANTE QUE EXPRESA ESE LENGUAJE, EL CALIFICATIVO TAL VEZ NO SERÍA DEL TODO INAPROPIADO. PORQUE ALCESTE, SIEMPRE SEGÚN LA JERGA, "NO DEJA PASAR UNA": EN TODA OCASIÓN, PLANTEA SU DEMANDA: TRANSPARENCIA RADICAL, SINCERIDAD INSOBORNABLE, O, MÁS GENÉRICAMENTE, VERDAD, NADA MÁS QUE LA VERDAD, SIEMPRE.
Alceste -personaje principal de El misántropo, de Moliére- es fastidioso. No hay modo de pasar un momento relajado en su presencia. "Es un denso", se diría en la jerga dominante hace un tiempo y, desde el laxo talante que expresa ese lenguaje, el calificativo tal vez no sería del todo inapropiado. Porque Alceste, siempre según la jerga, "no deja pasar una": en toda ocasión, plantea su demanda: transparencia radical, sinceridad insobornable, o, más genéricamente, verdad, nada más que la verdad, siempre. (No sería difícil imaginar, por ejemplo, cuál podría ser su respuesta ante el profiláctico "¿todo bien?" que parece haberse impuesto entre nosotros a modo de saludo.)
Su exigencia es la misma ante el arte, las relaciones sociales, la justicia, la amistad y el amor. Toda componenda, toda complacencia, toda mentira -hasta la más piadosa- provoca su enfático rechazo.
Por cierto que esta permanente intransigencia coloca a Alceste fatalmente cerca del ridículo, y no sería demasiado difícil convertirlo en objeto de burla, aunque más no fuera por su incapacidad para seleccionar aquellas batallas en las que sus principios tal vez alcancen algún valor de ejemplo (para Alceste resulta igualmente intolerable el elogio de un soneto mediocre que el escandaloso fallo de un tribunal corrupto e injusto). En la versión que proponemos, y que estamos presentando en el Teatro Anfitrión con el título Nada más que la verdad, hemos tratado de evitar un exceso de énfasis en el ridículo del personaje, ya que ello supondría ignorar -o, peor, eludir- la fuerte interpelación respecto de nuestras conductas corrientes que plantea.
La demanda de Alceste golpea en el centro de una tensión ineludible al reclamar una estricta correspondencia entre las conductas personales y los valores que la cultura proclama y reconoce como propios. Porque Alceste no viene a proponer una moral diferente ni la negación de toda moral (no es .Nietzsche); no exige cambiar un conjunto de valores por otro, sino una actitud de permanente y rigurosa concordancia con los mismos, vale decir, una imposibilidad. La comprobación fáctica de tal imposible es la que pone en cuestión a la moral en tanto tal. No es que tal cuestionamiento pase por la conciencia de Alceste; él no se lo propone, él se empeña duramente en vivir a cabalidad en el territorio de la moral, a tal punto que consigue asfixiar sus propios sentimientos y pulsiones por fidelidad a esos principios a los que adhiere. Pero tamaño esfuerzo por ser consecuente lo conduce, necesariamente, al desierto. Esa fuga, ese destierro inevitable, es lo que, finalmente, pone de relieve la difícil consistencia de toda moral. Y, en mi opinión, es allí donde reside la genuina contemporaneidad del texto de Moliere, en aquello que excede largamente la sátira de costumbres y afecta la zonas más conflictivas -tal vez insolubles- de nuestra común experiencia.
Por Jorge Goldenberg (Guionista de Miss Mary y La fuga. Productor y director cinematográfico)
Fuente: Diario Perfil
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