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CAETANO, STAGNARO Y CÓMO MIRAR DESDE LOS MÁRGENES. ESCRIBE MARCELO STILETANO
LA CRÓNICA MÁS ROJA Y TRUCULENTA IMPUSO SUS CONDICIONES EN LA INMENSA MAYORÍA DE LOS ESPACIOS DEDICADOS A LA INFORMACIÓN EN LA TV ABIERTA.
Cuatro años después del estreno de Pizza, birra, faso , manifiesto inaugural del llamado Nuevo Cine Argentino, Adrián Caetano -uno de los directores del film- produjo en la pantalla chica un cimbronazo renovador de efectos bastante parecidos. El realizador montevideano viajó del cine a la TV con el mismo espíritu testimonial, urgente y poderoso, dispuesto a dejar desde un relato de ficción sin concesiones el documento de la realidad que se vive en los márgenes de la sociedad.
Además de encender la habitualmente fría pantalla de América desde su aparición, en octubre de 2002,Tumberos dejó un legado suficientemente valioso: se apartó de cualquier convencionalismo, esquivó el siempre latente riesgo de la denuncia y de las frases hechas en torno a la marginalidad y dejó todo el tiempo al televidente en una posición incómoda, al exigir de éste una postura activa y comprometida, en línea con un estimulante camino abierto dos años antes desde otro ciclo igual de meritorio como Okupas . No fue casual que detrás de esa última idea haya estado el compañero de ruta de Caetano en Pizza, birra, faso , Bruno Stagnaro.
Tumberos resultó la más riesgosa y lograda aventura de ficción abierta por nuestra TV para asomarse a la realidad más ingrata de la sociedad argentina. El mundo de las cárceles, de la marginalidad, del comportamiento al margen de la ley. Que es también el escenario en el que se mueven intereses sórdidos y promiscuos, ligados a toda clase de adicciones y de negocios ilegales, más el desprecio hacia cualquier tipo de autoridad.
Este mundo ejerció en los últimos años una atracción fatal entre los responsables de programar la TV abierta. Tan irresistible que los noticieros y el periodismo de investigación se dedicaron exclusivamente al estudio de casos policiales y situaciones ligadas a la marginalidad.
Desde esta perspectiva, lo único que importa es mostrar lo que ocurre en las calles salvajes, con una carga de amarillismo que se potencia cuando entran a tallar asuntos ligados al tráfico de sustancias ilegales y de negocios ligados al sexo.
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Este verdadero festival de la sordidez, en el que abundan policías en acción, visitas a cárceles y manuales ilustrados de cómo se comportan los delincuentes consigue, paradójicamente, un efecto testimonial mucho más débil que el que puede surgir, por ejemplo, de una ficción como Tumberos . Lejos de encontrar explicaciones plausibles a situaciones dolorosas que padecemos como sociedad, el resultado de acumular tanta programación documental de este tipo no es otro que agotarse en un estridente efectismo que se agota en algún título catastrófico y el calculado exhibicionismo de todo tipo de conducta sexual, entendida sólo en un sentido poco menos que prostibulario.
Así las cosas, la crónica más roja y truculenta impuso sus condiciones en la inmensa mayoría de los espacios dedicados a la información en la TV abierta. En una etapa que coincide casi exactamente con el predominio kirchnerista, el menú de los programas de noticias y actualidad (los más valiosos quedaron confinados al cable) se limita a unos pocos platos combinados de información policial, mundana y farandulesca, con ingredientes entre desabridos y picantes.
Mientras tanto, otra alentadora ficción ligada al mundo del hampa acaba de incorporarse en la pantalla local:Impostores (que emite la señal de cable FX cada martes) recoge el guante de Nueve reinas y propone variaciones en un terreno fértil para sorprender al espectador, como el de las historias de estafadores. Gracias a esta serie, Bruno Stagnaro regresa a la televisión argentina. A él y a Caetano les debemos agradecer la ayuda que nos dieron para entender algunas claves que desde el terreno documental se entienden poco o se entienden mal.
Por Marcelo Stiletano
Fuente: La Nación
Más información: www.lanacion.com
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