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DERECHOS HUMANOS CON RITMO DE CUMBIA
EL LÍDER DE LA BANDA "AMAR AZUL" CREE QUE NO HAY MÁS REFERENCIAS A LA DICTADURA EN EL GÉNERO PORQUE ES UN DEBATE “DE CLASE MEDIA”.
Gonzalo Ferrer es el tecladista, compositor y productor musical de Amar Azul, una banda creada en la zona norte del conurbano bonaerense. En 2003, el grupo editó su noveno disco, Inmenso, que incluye una canción dedicada a los desaparecidos de la dictadura militar. Es la única cumbia que los recuerda.
–¿Por qué la creaste?, ¿tenés alguna vinculación con la militancia de los setenta?
–No, lo hice porque dentro de la movida tropical es muy común hacer referencias y hablar de temáticas sociales, como la situación en las cárceles, o la de los chicos de la calle, pero no había ninguna canción que hablara de esto. Y es un tema que, en todos lados, a alguien le tocó muy de cerca. Pero nosotros siempre nos la jugamos con cosas nuevas para el género y el público nos aceptó.
–La mayoría de las bandas de la movida tropical omite el tema de los derechos humanos en sus canciones, ¿por qué creés que les es tan ajeno?
–La gente que está en la cumbia refleja a un sector social al que tal vez no le tocó vivir de frente ese conflicto. Con frecuencia, camino por los barrios y me encuentro con gente grande que vivió esa época y sin embargo no tiene mucha idea de lo que pasó. Por eso me parece que a la gente humilde, la que consume cumbia, no le tocó tan de cerca. Creo que fue un problema que involucró más a la clase media, gente que iba a las universidades, que estudiaba y que podía pensar y rebelarse.
–¿La cumbia villera es una expresión de denuncia o de libertinaje?
–Algunas canciones sirven como denuncia social, pero la mayoría es una especie de incentivo para hacer lo que no se debe. Cosas que existen, que están ahí, pero a las que no hace falta hacerles propaganda. Las canciones que yo escribo son una denuncia, como “Entre cuatro paredes”, que cuenta la situación de los privados de su libertad. No deberían ser un incentivo para vender discos y promover el delito al mismo tiempo.
–¿Qué opinás de la política de derechos humanos del gobierno K?
–Me parece perfecto que se tomen ciertas medidas, como disponer que esta fecha sea un día feriado, una jornada de reflexión para que se les explique lo que pasó a los chicos que van a la escuela. Aunque creo que también deberían prestarle atención a la gente que asesinan para robarle diez pesos. Nadie piensa en el anciano al que matan para robarle su jubilación o en el pibito que asaltan para quitarle la moto.
–¿Se respetan los derechos humanos dentro de la movida tropical?
–En algunos casos. En nuestro grupo, cuando hay que viajar más de veinte mil kilómetros, por ejemplo, los músicos pueden cobrar un manguito de más. Pero hay muchísimos productores que no respetan ese tipo de cosas. No piensan en lo humano, sólo en el comercio. Programan los recitales y no tienen en cuenta que son pibes los que están laburando, los que a veces tienen que viajar veinte horas para tocar en La Rioja y volver apenas finaliza el show.
CELS: muchas causas sin tocar
A 26 años del regreso de la democracia, más de mil policías, militares y civiles se encuentran involucrados en causas por crímenes de lesa humanidad pero sólo 48 fueron condenados. Ésa es una de las conclusiones a las que llega un informe del Centro de Estudios Legales y Sociales, de cuyo registro también se desprende que más de la mitad de esos 1.254 represores ni siquiera se encuentran procesados.
El trabajo de recopilación del organismo que patrocina a familiares y víctimas de la represión también revela que en la actualidad existen 204 causas en movimiento en todo el país con un total de 526 personas procesadas. De ellas, 385 permanecen detenidas con carácter preventivo mientras que el resto se encuentra en libertad.
De las 20 provincias que, además de la Capital Federal, registran causas en movimiento, únicamente se han celebrado juicios en siete –Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Misiones, Neuquén, Tucumán y San Luis– y en la mayoría se trata de un único debate desde la reapertura de los procesos.
Por Luciano Rombolá
Fuente: Crítica
Más información: www.criticadigital.com
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