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EL CLIMA DEFINIRÁ OTRA ECONOMÍA. OPINA EL SOCIÓLOGO INGLÉS ANTHONY GIDDENS
LOS CAMBIOS EN LA METEOROLOGÍA TRAERÁN DESDE NUEVOS COMBUSTIBLES, TECNOLOGÍAS Y HÁBITOS HASTA TRANSFORMACIONES EN EL EMPLEO Y LOS TIPOS DE CRECIMIENTO. ESTADO Y EMPRESAS DEBEN TRABAJAR JUNTOS PARA ATEMPERAR LOS CIMBRONAZOS QUE OCURRIRÁN.
Estamos al borde de una gran revolución: la desaparición de la economía de los combustibles fósiles. Este es el momento para analizar sus implicancias. Un aspecto fundamental que debe tenerse en cuenta es el empleo. Un new deal del cambio climático creará nuevos puestos de trabajo, afirman sus defensores.
No estoy tan seguro de ello si con esto se refieren a empleos netos, es decir a mayor número de puestos de trabajo que antes. Conforme se produzca más energía proveniente de fuentes bajas en carbono y aumente la eficiencia energética, algunos trabajadores de las industrias de los combustibles fósiles, como la explotación del carbón, quedarán sin trabajo. Casi todas las formas de la innovación tecnológica reducen la necesidad de mano de obra.
Los puestos de trabajo se crearán no tanto a través de las tecnologías renovables en sí sino en razón de los cambios en el estilo de vida que producirá nuestra forma de abordar el cambio climático y la seguridad energética.
La economía que surgirá será más radicalmente posindustrial que la que tenemos ahora. Y dependerá de los empresarios encontrar las oportunidades económicas que se presenten conforme se expanda, así como se halló la manera de revitalizar las áreas portuarias cuando desapareció la industria naviera.
El reflexionar sobre la forma que debería adoptar la recuperación de la recesión tiene que hacernos pensar seriamente en la naturaleza del crecimiento económico, al menos en los países ricos. Se sabe desde hace mucho que, por encima de determinado nivel de prosperidad, el crecimiento no necesariamente lleva a mayor bienestar personal y social. Este es el momento para introducir medidas de bienestar más precisas y de darles verdadera dimensión política. Este es el momento para realizar una crítica sostenida y positiva del consumismo a la que pueda darse peso político. Este es el momento para pensar cómo garantizar que la recuperación no implique una vuelta a la sociedad de las montañas de dinero.
El período de la desregulación thatcherista ya terminó. Ha vuelto el Estado. Tanto las instituciones económicas como la política de cambio climático y energía requerirán un planeamiento activo, aunque los errores cometidos por anteriores generaciones de planificadores deben ser evitados.
Tomemos el caso de las energías renovables. Se necesitan avances tecnológicos para que los combustibles fósiles pasen a la historia, pero ¿cómo deberían decidir los gobiernos cuáles apoyar? ¿Cómo pueden afrontar el hecho de que las innovaciones tecnológicas más radicales -como Internet- a menudo no son previstas por nadie?
También tenemos que encontrar un nuevo papel para los mecanismos basados en el mercado. Los instrumentos financieros complejos han pasado de moda, acusados de originar la debacle financiera. Sin embargo, volveremos a necesitarlos porque, debidamente regulados, a menudo son la clave de las inversiones de largo plazo y no una fuerza adversa a ellas.
Pensemos en el tema de los seguros contra fenómenos meteorológicos extremos, como los huracanes del Caribe. Estos episodios se harán más frecuentes e intensos a medida que avance el cambio climático. Ofrecer seguros contra los daños sufridos será clave para adaptarse a ellos, especialmente en el caso de las personas más pobres. La industria de los seguros privados tendrá que suministrar la mayor parte del capital, dado que, por causa de sus numerosas obligaciones, el Estado sólo puede ser la aseguradora de último recurso.
Y además hay que tener en cuenta el origen de todo esto, la globalización, que avanza rápidamente sin un adecuado control internacional. La regulación eficaz de los mercados financieros mundiales es esencial para el futuro. Quizá podría ayudar a preparar el terreno para una colaboración que es fundamental en el tratamiento del cambio climático.
Hace falta mucha reevaluación antes de que los líderes políticos lleguen a la capital dinamarquesa en diciembre para acordar un tratado que reemplace al protocolo de Kyoto. La crisis financiera y sus secuelas han dado impulso a formas establecidas de pensar que pueden y deben tener enorme importancia. Estamos ante el fin del fin de la historia.
Por: Anthony Giddens
Fuente: Clarín
Más información: www.clarin.com
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