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RAZONABLE ESCEPTICISMO. MARCELO STILETANO ESCRIBE SOBRE HOLLYWOOD Y SU RELACIÓN CON LA TV
HOLLYWOOD YA NO ES LO QUE ERA. SU ÉPOCA DORADA PASÓ A LA HISTORIA Y LA TELEVISIÓN, ANTES VISTA COMO EL PEOR ENEMIGO, SE HA CONVERTIDO EN ALIADA.
Mucho antes de que la actual crisis financiera global pusiera en duda todas las certezas, inclusive la que asegura que el cine jamás podría caer en recesión porque la gente tiene más razones para buscar entretenimiento en los tiempos dominados por la crisis, teníamos la plena convicción de que Hollywood no es lo que era. Tiene toda la razón Faretta cuando añora aquella etapa irrepetible, que justificaba con creces el calificativo literal y simbólico con el que pasó a la historia. Fue una época dorada en el más amplio sentido del término.
Hasta la última generación cinéfila que se reconocía tributaria de la más genuina tradición hollywoodense (Coppola, Scorsese, De Palma, Spielberg, Friedkin, Lucas) nos parece ciertamente lejana. Con sus matices y diferencias, además, todos ellos contribuyeron en los años 70 a estimular sucesivamente la caída y la resurrección de los grandes estudios, protagonizando el tránsito –como agudamente observó el crítico norteamericano Peter Biskind– de la contracultura a la nueva etapa de los films high concept, que no necesitaban atraer al público con grandes nombres actorales. Se apoyaban en alguna idea fuerza, recursos visuales de todo tipo para llevarla al extremo y un aparato extracinematográfico cada vez más poderoso, basado en el marketing y la explotación intensiva de los medios de comunicación para crear la máxima expectativa acerca de lo que estaba por llegar.
Memoria cinéfila
La nueva era de los estudios coincidió con la de los efectos visuales, de los films seriales (La guerra de las galaxias, Terminator, Alien), del merchandising. Pero quedaba un resto de memoria cinéfila detrás de este impulso industrial y comercial. De hecho, podría decirse que el último gran momento clásico de Hollywood tuvo lugar en febrero de 2007, durante el tramo final de la ceremonia del Oscar. Allí, Martin Scorsese recibió la estatuilla a la mejor película de manos de Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y George Lucas.
Todo eso ocurrió frente a las cámaras de TV, medio que –como también señala con razón Faretta– siempre fue visto por Hollywood como "el peor de sus enemigos" y hoy funciona como ladero insoslayable de las nuevas estrategias. Además de ampliar y globalizar el funcionamiento cotidiano de la gran maquinaria de estos estudios, que son subsidiarios y apéndices de grandes holdings empresariales, la televisión funciona como soporte de la prolongación de una estrategia de negocios que tiene a la pantalla grande como primera manifestación de una cadena de valor. En este sentido, no es casual que las primeras luces de alarma a propósito de la crisis financiera global se hayan encendido en Hollywood cuando se desplomaron las cifras de venta de DVD. En la antiguamente llamada meca del cine, todos saben que sólo con los ingresos provenientes del entretenimiento hogareño se termina de cerrar el financiamiento de una película. Y estamos hablando no sólo de las superproducciones que acaparan las salas de estreno e impiden que otra clase de cines queden mínimamente expuestos a la consideración del público. La ecuación también alcanza a muchos proyectos "independientes", cada vez más ligados a la lógica de los grandes estudios.
Tampoco las estrellas son lo que supieron ser. A fines de diciembre, en un corrosivo artículo publicado en Los Angeles Times, Patrick Goldstein terminó de destrozar a la últimamente muy vapuleada Nicole Kidman al afirmar sin vueltas que ya no era una estrella. Ahora bien, ¿qué es una estrella? Goldstein responde desde la negativa. No equivale, como la TV en estos tiempos de alfombras rojas nos obliga a creer, a lo que entendemos hoy como una "celebridad reconocida". Tampoco se corresponde con la idea que tenemos de lo que es una gran actriz. "¿Alguien está dispuesto a pagar una entrada en el fin de semana de estreno sólo para ver a Nicole Kidman?", termina por preguntarse Goldstein. Tal como están las cosas para la protagonista de Australia, ni siquiera hace falta responder. Aunque el panorama por cierto se oscurece cuando comprobamos que ese interrogante hoy sólo encuentra una respuesta afirmativa si pensamos en Miley Ray Cyrus y los Jonas Brothers, pasión de multitudes adolescentes.
Así funciona Hollywood en la actualidad. Con razones suficientes para alimentar el escepticismo de quienes sostienen que todo está perdido. Sin embargo, la mística se conserva en algún lado y, de tanto en tanto, reaparece. En la inspiración de quienes son capaces de escapar de la lógica repetitiva de secuelas y remakes (Sam Raimi y los dos primeros films del Hombre Araña, Christopher Nolan y la reciente Batman, el caballero de la noche ), en la nobleza del mejor cine de animación que combina clasicismo y vanguardia, representado hoy por Pixar, en los sueños que siguen alimentando las visiones de auténticos artistas como Spielberg (el de Inteligencia Artificial y Minority Report ) y James Cameron. Y por si todo esto fuera poco, parafraseando el final de Casablanca, siempre nos quedará Clint Eastwood.
Por Marcelo Stiletano
Fuente: ADN Cultura
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