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RADIO. HÉCTOR LARREA, ‘UNA VUELTA NACIONAL’
SU PROGRAMA EN RADIO NACIONAL ES PARA EL CONDUCTOR "UNA FIESTA". ASEGURA QUE YA NADA TIENE QUE VER CON LA TELE Y QUE TRABAJA COMO SI FUERA EL GANADOR DE LA FRANJA HORARIA.
El mismo lo bautizó como el "estudio de los duendes". Es que en los años 50 el hombre de Bragado irrumpía en ese edificio -en manos por aquel entonces de Radio el Mundo-, para espiar a Alberto Castillo, Aníbal Troilo y las grandes orquestas en vivo. El espíritu de tantos, dice Héctor Larrea, parece pulular amigablemente y palparse en el aire medio siglo después.
Con Una vuelta nacional (de 14 a 17), desde hace cinco años Larrea se da el gusto de cristalizar lo que no pudo en 30: acostarse a las dos y levantarse cerca de las 11. Llega a la radio dos horas antes y junto a Jorge Marchetti, productor general y guionista, delinea lo que será "la fiesta diaria". Premisa: ser felices y hacer felices a los que sintonizan el dial. El deseo se corporiza ni bien las 16 personas del team cruzan la puerta de Maipú 555.
Cual familia que se sienta a almorzar, de seis a diez personas rodean la mesa, entre ellas Beba Vignola, voz emblemática, "locutora fetiche de Larrea", desde hace 30 años. También están los hermanos Alejandro y Adrián Korol para el toque de humor. Hoy, uno de ellos (Alejandro), ausente con aviso.
Mate va y viene hasta que con una suerte de mensaje de autoayuda, el tono inconfundible de Larrea invita a "celebrar la vida". El colecciona cuanto pasaje espiritual amerite ser leído y sentido. Borges ocupa su podio.
Mientras, Francisco Deserio vigila con ojo de lince la limpieza de la transmisión desde el control central. Silencioso, el hombre escucha -obligatoriamente- unas 60 horas semanales de radio desde hace décadas, por lo que calcula que se pasó más de la mitad de la vida con la oreja en el éter.
Un piano de casi seis décadas es la joya del estudio. En minutos, una canasta de productos regionales aumenta la euforia del equipo. "Cuando vayas a una radio, llevá siempre algo para comer y serás honrado, sacralizado y hasta leerán tu gacetilla", aconseja gracioso Larrea. En las tres horas de transmisión, decenas de oyentes acercan su ofrenda en forma de empanada, queso o alfajores. Pero a él algo en particular lo pierde: las tortitas negras.
En cuestión de fidelidades, no es raro ver a varios fanáticos en la puerta, con su carta o su cámara en mano. Este año, justamente, el ciclo incorporó un personaje de la audiencia: el "Pelado de Sinatra", estudioso de la vida del cantante, quien se ofreció a armar su columna una vez por semana para alistarse en el conjunto del mítico conductor de Rapidísimo.
Más de 1.000 programas cumplió en esta emisora y en su carrera, perdió la cuenta: "Siento que ya no tengo que ver con la TV. Ya dije allí todo lo que tenía que decir. La radio, en cambio, es lo máximo que me puede suceder hoy. Trabajo como si fuera ganador absoluto de la franja".
Por Marina Zucchi
Fuente: Clarín
Más información: www.clarin.com
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